• Steven Neira

El humo de Satanás y la Iglesia

"Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas." (Ef 6, 12)

San Pablo tenía claro el asunto, el infierno no es una metáfora y el demonio no es una “representación del mal” sino un ser vivo, espiritual y perverso. La batalla de todo cristiano se desata primero consigo mismo, en lo íntimo del corazón, pero luego, también en el terreno de la vida cristiana, contra el diablo y sus ángeles. Esta es la batalla de todo cristiano, sin embargo, la Iglesia como Esposa de Cristo, no está exenta de esta guerra. El relativismo ha hecho lo suyo, y la infiltración de los enemigos de Cristo al interior de la Iglesia es cada vez más escandalosa y evidente.


Hoy, como en tiempos del arrianismo, hay muchos creyentes desconcertados por la falta de firmeza en la definición de la doctrina por parte del clero, y en este sentido, el teólogo Hans Urs von Balthsar decía que el origen de la confusión dentro de la Iglesia se debía a la predicación de un “clero secularizante y mundano” en donde “casi a cada artículo del credo se le colocó un pequeño o gran signo de interrogación”. Esto, porque hay sacerdotes que se predican a sí mismos, sus opiniones personales y sus pareceres, valiéndose del púlpito para promover ideologías llamativas y extrañas, que van en comunión no con el Evangelio, sino con el ecologismo, la migración, el socialismo, el indigenismo y las luchas sociales.


Ante este panorama, los laicos no podemos adoptar la postura ingenua de creer que todo va bien, porque es un tiempo en el que se necesita mucha penitencia y oración, mucha profecía y acción, es un tiempo en que la Verdad debe ser proclamada y el Amor debe ser amado, porque la mayor injusticia social no es la de los gobiernos, sino la de los cristianos tibios que optaron por hacerse amigos del mundo para constituirse en enemigos de Dios (St 4, 4)


Hablaba en un inicio, de una infiltración en la Iglesia, y esto es una realidad que muchos católicos han optado por relegarlo a simple “teoría conspiranoide”, pero a ellos quisiera recordarles las palabras del papa Pablo VI en una homilía en conmemoración de su noveno año de pontificado allá por 1972:


“Diríamos que, a través de una misteriosa fisura ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay duda, incertidumbre, problemas, insatisfacción, confrontación”

El humo de Satanás al que se refiere el papa, es lo que las Escrituras nos dicen en el noveno capítulo del Apocalipsis, donde describe una estrella que había caído del cielo a la tierra. Se le dio la llave del pozo del abismo. Abrió el pozo del abismo y subió del pozo una humareda como la de un horno grande, y el sol y el aire se oscurecieron con la humareda del pozo” (Ap 9, 1-2)


Así como Simón recibió un nuevo nombre (Pedro) y recibió las “llaves del Reino de los Cielos” (Mt 16, 19), así mismo el demonio recibió un nuevo nombre (Satanás) y recibió las llaves del abismo, porque al final, esto es una batalla real, no es una invención de los Padres de la Iglesia, ni mucho menos una metáfora para retratar el ejercicio de las virtudes. La Iglesia necesita santos que sepan combatir al padre de la mentira y a sus hijos. De esto ya advirtió el Señor cuando les dijo a los fariseos:


“Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Éste era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.” (Jn 8, 44)

Y hoy, hay muchos de estos hijos de las tinieblas dentro de la Iglesia, que buscan astutamente infiltrar ideologías extrañas para pervertir el Evangelio, y así, tenemos sacerdotes que se han vuelto en activistas de la causa LGBITQ, promoviendo abiertamente la homosexualidad, o aquellos que estuvieron detrás de la intromisión de un ídolo indígena en el templo de Dios… pero lo escandaloso no es sólo esto, sino que hay católicos a quienes estos actos les parecen loables, aceptables, dignos de aplauso y reconocimiento.

De un momento a otro, las imágenes de san Bonifacio talando el árbol sagrado de Thor y la de san Benito destruyendo los ídolos paganos se convirtieron en actos reprochables, poco ecuménicos, ¿buscan acaso avergonzarnos de ellos?


Hoy esta humareda ha empañado los vidrios de muchas Diócesis en el mundo, lo que ha ocasionado que no entre la luz del Evangelio a los fieles, sin embargo, debemos ser fuertes, y vivir nuestro bautismo como Dios manda, siendo sacerdotes, profetas y reyes.

Que, en esta Solemnidad de Cristo Rey del Universo, el Amor sea amado y la Verdad proclamada.


¡Viva Cristo Rey!

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