• Steven Neira

A la Señora María Josefa Coronel, sobre "las mujeres de Dios"

Estimada señora María Josefa Coronel, ya hace un tiempo dirigí a Ud. una carta abierta, con ocasión de señalarle, por allá por el 2019[1], la incompatibilidad entre su activismo público por el matrimonio igualitario y “su catolicismo”, que lo pongo entrecomillas, porque no correspondía a lo que cree y enseña el Magisterio de la Iglesia católica sino a su visión particular y personal de la fe, desligada por supuesto de la Revelación.


En esta ocasión le dirijo nuevamente una carta abierta, y lo hago así porque no dispongo de los mismos espacios de influencia de los que dispone usted para verter sus opiniones, sin embargo, es necesario para aclarar varios puntos que usted ha tocado en su columna en Diario Expreso, bajo el título de “Las mujeres de Dios”[2].


Señora Coronel, una de las características muy propias del feminismo de la tercera ola, es generar en algunas mujeres una constante actitud defensiva ante su entorno, no necesariamente por una amenaza real, sino por la sensación de estar en constante desventaja, dando origen a los llamados micromachismos que terminan criminalizando hasta los actos de caballerosidad. Desde su primer párrafo usted indica que la sexualidad femenina sigue siendo un tormento “para cierto sector religioso” (refiriéndose puntualmente a la Iglesia católica). Yo desconozco en qué sentido el sexo femenino haya sido un “tormento”, cuando después de Dios, la figura a la que toda la Iglesia se inclina – hombres incluidos – es femenina. Que por supuesto, la Virgen Santísima no representa ese feminismo que usted enarbola, porque es imagen y ejemplo de humildad y sumisión a la voluntad de Dios. Lo suyo es una pugna por el dominio, y lamentablemente desde esa lectura ideológica, ha querido leer los ministerios de la Iglesia y la mismísima Revelación divina contenida en las Escrituras. Espero no tome a mal el consejo venido de un hombre, no pretendo “dominarla” ni me creo superior a usted, tan sólo pretendo señalarle que José Antonio Pagola (a quien usted cita para justificar que los Apóstoles “sufrieron” el hecho de que haya sido una mujer la que vio primero al Resucitado, y no ellos) es uno de los principales teólogos de la liberación en América Latina, que fue llamado a corregir muchas de sus interpretaciones personales sobre la Persona de Jesús, porque se alejaba de la Revelación y del sentir de la Iglesia. Esto puede corroborarlo en la nota aclaratoria de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española del 18 de junio de 2008. Por tanto, si desea comprender a Jesús de Nazaret como lo comprende la Iglesia, le sugiero lo haga de la mano de los Padres Apostólicos y del Magisterio milenario, no de interpretaciones novedosas que desfiguran la fe a favor de ideologías particulares. Esto le hace obviar que no sólo había mujeres al pie de la cruz. San Juan, el discípulo amado, también estuvo ahí.


Señora Coronel, usted sueña con una Última Cena con “las amigas de Jesús”. Y aunque no lo registran los evangelios, usted igual prefiere imaginárselo, porque de eso se trata, de hacer decir al evangelio cosas que nunca dijo, pero que “sería bonito que hubiera dicho”. Ignora usted que la Última Cena es la institución de la eucaristía, y que alrededor de esa mesa estuvieron los Doce varones que serían instituidos como sacerdotes de la Nueva Alianza. Usted imagina una Última Cena distinta, porque sueña con que la Iglesia tenga sacerdotisas, porque, nuevamente, los ministerios de la Iglesia usted los lee bajo la perspectiva del dominio y la lucha por el poder. Sepa usted que esa no fue la lectura de Jesucristo al instituir a los Doce, y tampoco le será posible a la Iglesia cambiar la doctrina (ni hoy, ni mañana, ni nunca) en torno al sacerdocio ministerial, porque la Iglesia no es dueña de la Revelación, sino su depositaria. Si quiere usted sacerdotisas, puede unirse a la iglesia anglicana, o a las otras denominaciones protestantes que se han acomodado a la modernidad y sus exigencias. La Iglesia de Jesucristo no se mueve por ideologías.


Finalmente, usted señala que a Jesús “le encantaba tener amigas, en especial para despojarlas de esa condición de inferioridad sembrada por el machismo”. Le recuerdo que el Señor en ningún momento cae en bajos discursos ideológicos, ni sobre machismo ni sobre feminismo. Es más, ni siquiera abolió la esclavitud o denunció la injusticia del Imperio Romano, porque la liberación que nos vino a traer Jesucristo trasciende estas polarizaciones a las que usted está acostumbrada.


Le invito señora Coronel, a visitar otras parroquias fuera del perímetro de su domicilio, para que descubra que es una falsedad aquello que usted afirma, respecto a que “las iglesias de esta ciudad no permiten a las mujeres sostener la patena, porque eso solo lo pueden hacer los varones”.


Por lo demás, usted insiste en una visión humana, horizontal y política de la Iglesia, y por ese camino, sólo encontrará cucos imaginarios que alimentarán su lucha personal, como la de Judas escandalizándose por el valor de un perfume caro, que pudo ser vendido para beneficio de los pobres.


[1] https://www.larepublica.ec/blog/2019/02/18/sra-maria-josefa-coronel-sociedad-jesucristo-sacerdote/ [2] https://www.expreso.ec/opinion/columnas/maria-josefa-coronel/mujeres-dios-99849.html

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